Saber despedirnos

Publicado por en Psicología, Salud, Ser

Saber despedirnos

Despedirnos es decir adiós. Saber despedirnos es una tarea complicada para muchos que prefieren quedar enganchados en relaciones cómodas, tóxicas, seguras, infelices. En la sociedad actual hay mucho miedo a soltarse y atravesar el miedo a la libertad y la soledad con uno mismo.

Despedirnos bien

Para despedirnos bien hay que reconocer lo que hubo de bueno en la relación, y agradecerlo. Si ha habido una relación, del tipo que sea – laboral, amorosa, de amistad-, por un tiempo, hubo un vínculo que merece ser honrado y respetado.

Lo complicado de una despedida no es la acción de decir ‘adiós’, es aprender que ese adiós significa prescindir y continuar.

Cuando una relación se “seca” hay que soltarse

Las relaciones hay que saber soltarlas de la misma manera que las hojas de los árboles se sueltan (María Toro, en su libro “La Sabiduría de Vivir”). El árbol no tira las hojas, las hojas no se caen. Las hojas cuando se secan, se sueltan, se lanzan a vacío del aire; esta es la sabiduría a aplicar en las relaciones.

Vernos a nosotros mismos siendo felices después de decir ‘adiós’

Lo que queda después de una relación es lo que hemos aprendido, las cosas buenas y las malas. Debemos soltar, aceptar y aprender a seguir viviendo con la parte que nos ha dejado y que nos hace ser lo que somos.

Lo que hemos vivido no nos lo quita nadie, no se puede ir con el otro; el otro se va y las vivencias se quedan en nosotros y perviven y traspasan la relación. Quizás son cosas a no repetir, quizás son cosas buenas que anhelamos volver a tener y deseamos encontrar en otra relación.

Sé consciente de qué quieres para tu vida, si persistir y agarrarte y esperar a un viento fuerte, que te tira, te expulsa de manera agresiva, o soltarte a tiempo y aprender a vivir en libertad.

 

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

II 

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

Jorge Luis Borges

El Otro, El Mismo. 1964.

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